Siempre nos preguntamos qué puede hacer la universidad por las empresas. ¿Pero nos cuestionamos qué podemos hacer desde la sociedad civil para apoyar a nuestras universidades?
En Líderes Cantabria decidimos preguntar directamente a los implicados, así que invitamos a nuestra sesión de abril a los máximos dirigentes de las cuatro instituciones universitarias reguladas por la Aneca y con presencia en Cantabria: la UC, la UIMP, Uneatlántico y la UNED. Una oportunidad para que las cuatro universidades cántabras coincidieran por primera vez en un debate y abrieran un diálogo con la sociedad civil, representada por medio centenar de empresarios, artistas, emprendedores, profesores, periodistas, autónomos…
Todos los invitados trabajaron en grupos para hacer peticiones concretas en ámbitos prioritarios para el sector privado. Y al mismo tiempo, los dirigentes universitarios hicieron equipo para presentar propuestas a los miembros de la sociedad civil.
¿Es Santander una ciudad universitaria?
Es lo primero que preguntamos a los representantes de las universidades. Un buen termómetro para medir cómo se ven a sí mismas y que no tardó en aflorar visiones opuestas: las tres universidades públicas se alinearon en torno al ‘sí’, mientras que el rector de la privada, Rubén Calderón, respondió: «Aún no, pero lo seremos».
Tras precisar que hizo su tesis doctoral en Economía de la Educación, Calderón comparó la relación entre habitantes y universitarios de ciudades de larga tradición académica como Salamanca y Valladolid con la de Santander, donde la capital cántabra sale perdiendo.
«Salamanca y Valladolid tienen universidad desde hace ocho siglos y la de aquí es más reciente, pero con el tiempo Santander puede ser una ciudad de 30.000 o 40.000 estudiantes»
Rubén Calderón, rector de Uneatlántico

El rector de la Universidad Europea del Atlántico admitió que es un objetivo que no se puede conseguir ni en cinco años ni en diez, pero señaló la que, a su entender, es la clave para aumentar la población universitaria: la captación de alumnos de otras comunidades autónomas. «Santander no puede alimentarse de los 2.000 estudiantes que hacen la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) cada año», aseguró. «Tenemos que traer alumnos de las comunidades vecinas y del extranjero para convertir Santander y Cantabria en un foco universitario como la UIMP en verano, que es una referencia en España»
Consuelo Arranz (UC), Ana Rosa Martín (UNED) y Andrés Hoyo (UIMP) defendieron que cualquier cántabro puede cursar estudios universitarios en su Comunidad Autónoma, lo que significaría que Santander es una ciudad universitaria. Aunque el vicerrector de la UIMP trasladó el debate hacia el concepto de vida y ambiente universitarios.
«Aquí no ha existido nunca ambiente universitario. Como historiador, en algún momento de mi carrera he trabajado sobre el perfil del alumnado de la UC y ya desde los años 70, un 75% de sus estudiantes procede de Santander y de su entorno»
Andrés Hoyo, vicerrector de la UIMP

Hoyo subrayó que la universidad es el reflejo de la sociedad en la que está insertada y cumple con su papel principal, que es formar profesionales. Pero ¿cuántos de ellos terminan trabajando en Cantabria? Una pregunta retórica que invita a pensar más en los motivos de esa fuga de talento que en su dimensión, y que desemboca en una pregunta de difícil respuesta: ¿Cómo cortar esa fuga?
«La responsabilidad no es solo de la universidad, es de toda la sociedad y de aquellos que tienen que proyectar las acciones necesarias para descubrir el talento y también retenerlo»
Andrés Hoyo, vicerrector de la UIMP
Formación permanente orientada a las pymes
Una de las primeras peticiones dirigidas a los dirigentes universitarios desde las mesas de trabajo fue crear una oferta de formación orientada a pequeñas y medianas empresas.
«Las pymes somos las grandes olvidadas de los programas de colaboración entre universidades y empresas», aseguró el portavoz de la mesa de Formación Permanente, Manuel Ibarra, de Limpiezas y Morales. «Hay proyectos para emprendedores, para grandes empresas… pero cuando tengamos que estar totalmente digitalizados muchas pequeñas empresas van a tener un gran problema. Muchas pymes van a caer en los próximos años por esas carencias».
La vicerrectora de Estudiantes y Emprendimiento de la Universidad de Cantabria, Consuelo Arranz, y la directora de la UNED en Cantabria, Ana Rosa Martín, coincidieron en que los títulos propios de sus universidades son una herramienta muy útil para demandas específicas como las señaladas por Ibarra, aunque ambas admitieron que se trata de una oferta formativa que no se conoce lo suficiente.

«Tenemos un catálogo de estudios propios que se puede adaptar cada año a las necesidades puntuales de sociedad y empresas, pensados para estudiantes recién titulados y para profesionales necesitados de formación o reciclaje«
Consuelo Arranz, vicerrectora de la UC
La directora de la UNED subrayó que quizá un título propio de posgrado requiera un compromiso de tiempo excesivo para un profesional, pero aseguró que en su centro existen alternativas suficientes e incluso cursos bajo demanda.
«En la UNED tenemos más de 600 títulos propios. Quizá un profesional busque cursos cortos, pero también tenemos. El problema es que nos cuesta mucho que la sociedad conozca todas las actividades que ofrecemos«
Ana Rosa Martín, directora de la UNED
Potenciar las habilidades emocionales
El CEO de Astroland, David Ceballos, ejerció de portavoz de la mesa de trabajo sobre Formación en Nuevos Oficios. Su principal petición a las universidades no fue la creación de nuevas titulaciones, sino la integración de competencias emocionales que faciliten a los estudiantes que llegan al mundo profesional una mayor capacidad de adaptación.
«Creemos que las universidades deben potenciar las habilidades emocionales. No todo es acumular conocimientos, también hay que saber transmitirlos, trabajar en equipo, tener resiliencia… Es algo cada vez más demandado por las empresas», afirmó Ceballos.
El vicerrector de la UIMP recogió el guante y volvió a dirigir el debate hacia otra de las preguntas clave del encuentro: ¿Cómo adaptar la oferta académica a un mundo que cambia tan rápido? Su respuesta no dejó indiferente a nadie.
«La universidad tiene profesionales preparados para adaptarse, pero se ve encorsetada por la enorme burocratización a la que estamos sometidos. Este es un problema que hay que resolver con una nueva Ley de Universidades, que nos permita una mayor autonomía y flexibilidad»
Andrés Hoyo, vicerrector de la UIMP

En este caso, la solución está en manos de los legisladores y queda muy por encima de los poderes de las universidades y de la propia sociedad civil, pero afortunadamente existen soluciones intermedias para ajustar en parte la formación académica a los nuevos entornos laborales, como la figura del profesor asociado.
En teoría, esas plazas docentes deberían ser ocupadas por profesionales de reconocido prestigio que llevan la actualidad del mundo laboral al entorno académico. «Pero por necesidades coyunturales de profesorado, no siempre se utiliza correctamente esta herramienta», reconoció el dirigente de la UIMP.
La vicerrectora de la UC, Consuelo Arranz, señaló también a las prácticas en las empresas como una de las vías de acercamiento entre la universidad y el mundo profesional.
«Las universidades reclamamos la colaboración activa de empresas e instituciones en la formación de los estudiantes que pasan por ellas para hacer prácticas. Apelamos a la responsabilidad social de quienes pueden ayudar a la universidad en este cometido»
Consuelo Arranz, vicerrectora de la UC
En este sentido, Andrés Hoyo recordó el intento fallido de asignar doctores a distintas empresas de Cantabria para fomentar la innovación industrial: «Participé en la elaboración del primer Plan Regional de I+D+i, y una de las propuestas era dotar de fondos a una iniciativa que consistía en que doctores formados en la universidad se incorporaran a las empresas para participar en sus procesos productivos. Esto iba acompañado de una subvención y la propuesta tuvo éxito. Los doctores fueron a las empresas a desempeñar allí sus funciones, pero cuando se acabó la subvención, los doctores volvieron a la casilla de salida».
«Quizá tenemos un tejido empresarial más acumulador de rentas que generador de economías de escala, que es lo que buscaba el proyecto de implantación de doctores en empresas»
Andrés Hoyo, vicerrector de la UIMP
¿A qué puerta hay que llamar?

La mesa de trabajo sobre Transferencia de Conocimiento dio pie a un productivo debate a partir de su propuesta: «Como ingeniero industrial -explicó el portavoz del grupo, David González-, no sé qué hace la universidad en esta materia, ni qué puerta tocar o si me van a recibir. Pensamos que hace falta más difusión desde la universidad hacia el empresariado de Cantabria, que es el que da trabajo a la gente para que no se marchen».
«Las empresas hablan un idioma y las universidades otro. Cada uno está en un ecosistema diferente. Nosotros estamos encorsetados por las instituciones y las empresas se mueven en torno al balance de resultados«
Rubén Calderón, rector de Uneatlántico
Aunque el idioma no sea el mismo, algunas iniciativas sí que persiguen unificar criterios y acercar el mundo académico al laboral. La vicerrectora de la UC Consuelo Arranz destacó dos en su institución: el Doctorado Industrial y el Foro UC-Empresas.
La vicerrectora reconoció que la Universidad de Cantabria tiene una estructura compleja que, si no se conoce, desde fuera puede resultar difícil de entender. «Pero cualquiera que quiera acercarse a un profesor concreto que ha trabajado en un tema, a un decano o al propio equipo rectoral siempre va a encontrar respuesta y será puesto en contacto con la persona adecuada. Ojalá sean muchos los que vengan a pedir colaboración».
¿Qué le piden las universidades a la sociedad cántabra?
El rector de Uneatlántico lamentó que una parte de la sociedad, en concreto las instituciones públicas, no siempre sepan aprovechar las oportunidades que generan las universidades. En su caso señaló que más del 30% de los estudiantes de grado en Uneatlántico, más de 700 alumnos, hacen los cuatro años de carrera en Santander. Un número que podría aumentar si se facilitara la promoción turística de la ciudad y la región a través de los canales de comunicación propios de la Universidad.
«Cuando un estudiante de Perú, Guatemala o Angola quiere ver la Universidad, también se interesa por el campus, la ciudad y el entorno. Si yo tengo un convenio para enseñar Cabárceno, los Picos de Europa, Potes… será bueno para nuestra Universidad y también para Cantabria. Pero hasta ahora no he podido firmar un convenio para promocionar el turismo de Cantabria en nuestra web», explicó Calderón.

Finalmente, los dirigentes universitarios señalaron a los represetantes de la sociedad civil uno de las grandes problemas del eje que forman la investigación y la innovación en España: el desequilibrio entre la inversión pública y privada.
Fue Andrés Hoyo, vicerrector de la UIMP, profesor de la Universidad de Cantabria y exdirector general de Universidades del Gobierno de Cantabria quien cerró el debate con un alegato a favor de una mayor implicación del sector privado en los procesos de investigación: «En estos momentos, el 80% de la actividad de I+D+i está en los departamentos universitarios. Casi toda la investigación en España, en torno al 90%, procede de fondos públicos. Y es lo que nos diferencia de nuestro entorno europeo. Nuestro sistema de I+D+i se sostiene a través de los Presupuestos Generales del Estado».
«Esto es lo que pido a la sociedad, y en concreto al sector empresarial: una mayor implicación en la I+D+i para su propio beneficio. Porque el crecimiento se fundamenta en la productividad, y no se puede mejorar la productividad si no invertimos en I+D+i»
Andrés Hoyo, vicerrector de la UIMP


